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Las dos culturas
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charlessPor: Luis Fernando Calderón Álvarez

El 7 de mayo de 1959 Charles Percy Snow, físico y novelista inglés nacido en Leicester (1905- 1980) pronunció, en Cambridge, la célebre disertación: "Las dos culturas", en la que subrayaba la fragmentación entre científicos, artistas y humanistas. La conferencia, publicada posteriormente en un libro titulado Las dos culturas y la revolución científica [Alianza Editorial, 1977], refería que había dos sistemas que coexistían sin mucho contacto entre sí: uno basado en las humanidades y el otro en la ciencia.

Argumentaba, en el citado texto, que los científicos no leen a los literatos y que los intelectuales son ajenos a la ciencia: "Cuando los no científicos oyen hablar de científicos que no han leído nunca una obra importante de la literatura, sueltan una risita entre burlona y compasiva. Los desestiman como especialistas ignorantes. Una o dos veces me he visto provocado y he preguntado [a los no científicos] cuántos de ellos eran capaces de enunciar el Segundo Principio de la Termodinámica. La respuesta fue glacial; fue también negativa. Y, sin embargo, lo que les preguntaba es más o menos el equivalente científico de ¿Ha leído usted alguna obra de Shakespeare?".

Para Snow, la separación, cada vez más extendida, entre las ciencias y las artes en dos grupos que se malinterpretan y en ocasiones se ignoran, ha producido dos culturas que se hacen más evidentes en la formación universitaria.
Este debate surge con mayor fuerza hoy, debido al hecho de que cada día son más manifiestos los efectos negativos de la separación entre las ciencias y las humanidades.
Se cumplen cincuenta años de esta conferencia que transformó la visión del mundo cultural contemporáneo, y la discusión sobre la brecha existente entre científicos e intelectuales cobra aún mayor vigencia.

Así describía Snow la separación entre ambas comunidades: "Son muchos los días que he pasado con científicos las horas de trabajo para salir luego de noche a reunirme con colegas literatos. Así como suena. Y naturalmente, he tenido amigos íntimos tanto científicos como escritores. De esta suerte, viviendo entre dichos grupos, y aun mucho más, creo yo, con el ir y venir constante del uno al otro, se me fue planteando el problema que desde mucho antes de confiarlo al papel había bautizado en mi fuero interno con el nombre de «las dos culturas». Porque tenía la sensación permanente de moverme entre dos grupos comparables en inteligencia, racialmente idénticos, no muy diferentes en cuanto a origen social y con unos ingresos más o menos iguales por su trabajo, que habían dejado casi totalmente de comunicarse, y que tenían tan poco en común respecto a clima psicológico, intelectual y moral que en vez de pasar de Burlington House o South Kensington a Chelsea era como si hubiese cruzado un océano".

Y agregaba: "Los intelectuales literarios en un polo, y en el otro los científicos, y como más representativos, los físicos. Entre ambos polos, un abismo de incomprensión mutua; algunas veces (especialmente entre los jóvenes) hostilidad y desagrado, pero más que nada falta de entendimiento recíproco. Tienen una imagen singularmente deformada y falseada los unos de los otros. Tan diferentes son sus actitudes que ni siquiera en el nivel afectivo aciertan a encontrar mucho terreno en común. Los no científicos tienden a pensar que los científicos son gente descomedida y jactanciosa".

La fragmentación del saber

La división en especialidades donde cada una de ellas considera que está separada de las demás; la incapacidad de comunicarse entre sí, ha originado un divorcio y por ende dos culturas: la científica, al parecer, poco accesible a los profanos y la de las artes cuyo universo es sólo la imaginación y la emoción.

Esta dicotomía entre lo objetivo y lo subjetivo, esta escisión entre el mundo del arte y el mundo de la ciencia, hacen ver al científico como el paradigma de la lógica y al artista como un marginado, y menos como un protagonista de la búsqueda de la verdad. La valoración social de ambas disciplinas, ha contribuido también, pero en menor medida, a la distancia y fragmentación de los saberes.

Es preciso recordar aquí -y a ello se debiera volver- que en la antigüedad, no había ninguna separación entre artistas y científicos. Los griegos no hacían distinciones, para ellos todo era techné, es decir, arte, habilidad, técnica, destreza.
El paradigma de las dos culturas se ha trasladado al imaginario de los estudiantes y de la sociedad en general, hasta tal punto que para algunos las ciencias se identifican con la racionalidad, con complejidad y, las artes y humanidades, sólo con la sensibilidad. Pareciera que en la cultura no hay ciencia y que en la ciencia no hay cultura.

De nuevo Snow acentúa rotundamente: "Los no científicos tienen la impresión muy arraigada de que los científicos son optimistas por pura superficialidad, por ignorancia de la condición del hombre. Por otra parte, los científicos creen que los intelectuales literarios carecen por completo de visión anticipadora, que viven singularmente desentendidos de sus hermanos los hombres, que son en un profundo sentido anti-intelectuales, anhelosos de reducir tanto el arte como el pensamiento al momento existencial. Y así sucesivamente. Cualquiera que esté dotado de un ingenio discreto para la invectiva podría dar curso a un aluvión de estos dimes y diretes subterráneos. Tanto por un lado como por otro, los hay que no están totalmente desprovistos de fundamento. Pero todo ello es destructivo. Una gran parte se basa en tergiversaciones que son peligrosas".

La separación, pues, entre arte, ciencia y humanidades fue un proceso histórico, durante el cual se delimitaron objetivos, espacios de interés y metodologías. Hoy el conocimiento no es tratado como un todo completo e integrado; se favorece la especialización y la fragmentación en áreas cada vez más excluyentes, tendencia que se ha ido profundizando con la masificación y la profesionalización de las actividades relativas al conocimiento. Esta polaridad de actitudes, y de ámbitos se hace más evidente en las universidades, asunto que no debe soslayarse.

Las dos culturas en la universidad

Arte, ciencia y humanidades se han definido en las universidades como campos delimitados que, en ocasiones, se excluyen o se ignoran, lo cual ha creado la atomización de los saberes; de allí que el divorcio entre las dos culturas sea más notorio en la manera como se elabora el conocimiento en la academia y en la estructuración de sus currículos.
Ciencias y humanidades constituyen intentos válidos de aproximación a la realidad, pues coinciden en sus esfuerzos por interpretar y, sobre todo, por comprender las relaciones existentes entre el hombre y aquello que lo rodea.

Es necesario aproximarse a la realidad de la forma más plural posible sin pretender por ello, perder el rigor científico, para no caer en una visión reduccionista del mundo.
La afirmación según la cual, la universidad tiene sus saberes atomizados en departamentos y cátedras que muchas veces no se comunican entre sí, y que no ha permitido la interdisciplinariedad, sigue siendo válida.

La división entre una "cultura literaria" y una "cultura científica", ha generado no sólo dos tipos de saber, y ha obstaculizado la comunicación entre intelectuales y científicos.

Se evidencia, hoy, en nuestra academia una drástica separación y una gran incomunicación entre ciencias y humanidades, lo cual ha traído, como consecuencia, dos grupos polarmente antitéticos. La creación de actividades interdisciplinarias de enseñanza o investigación, es cada vez más urgente.

En los cincuenta años de la polémica conferencia se abre, de nuevo, el debate en torno a las ciencias y las humanidades, y se plantea la oportunidad para que científicos y humanistas tiendan puentes entre las dos culturas. Cerrar el abismo que separa nuestras culturas es una necesidad.

Concluye en su libro C. P. Snow: "Cuando esos dos mundos se disgregan, ninguna sociedad es capaz de pensar con cordura".

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